Parecía ser un día jueves como cualquier otro en la cuidad de Santiago, pero cerca de las 2 de la tarde, a pasos del famoso cerro Santa Lucia se observaba una escena tétrica. Un joven carabinero yacía agónico en plena calle Alameda. Tres disparos en la zona lumbar y un cuarto en el brazo derecho acababan con la vida del cabo segundo Luis Enrique Moyano Farías, de tan solo 33 años.
Todo esto, comienza cuando un peatón corre a un grupo de carabineros, advirtiéndoles de que estaba ocurriendo un robo en el banco Security, los carabineros deciden ir a investigar que ocurría, y, confirmando la información dada por el peatón proceden a detener a los asaltantes. Es, en estos momentos donde comienza la fatal balacera. A pesar de la conocida protección antibalas de la policía chilena, los antisociales supieron exactamente donde disparar, provocando heridas mortales en el mártir 1.014 de Carabineros.
Tristemente, este no ha sido el único caso en el año. El mas conocido fue el del cabo Cristian Vera, que falleció producto de un balazo en su cabeza durante los incidentes de la noche del 11 de Septiembre.
El otro caso, fue el teniente coronel Ricardo Arrué. Quien, en Enero, fue asesinado de un tiro de escopeta en su rostro.

Lamentablemente se ha visto como, por un lado, se cree que estos crímenes podrán ser detenidos, mediante el aumento de carabineros en las calles. Ya, la noche del 11 de Septiembre, que demostró el poder de fuego que poseen los delincuentes, y la llamada “puerta giratoria” han dejado en claro que esta no es la solución. Por otro lado, se ha visto en esta y en ocasiones anteriores, como, en la búsqueda de las libertades y derechos humanos, luego de la época de represión que existió durante el régimen militar, se han excedido en sobremanera los derechos de aquellos que comenten crímenes, mientras lentamente han sido reducidos los derechos de las fuerzas de orden, al punto de que los delincuentes cuentan con muchos “trucos” y beneficios que no poseen, ni las fuerzas de orden, ni el ciudadano común. Como contraparte, la solución tampoco se encuentra en el exceso de libertades de la policía de investigaciones, carabineros y gendarmes, lo que daría lugar a las ya conocidas violaciones de los derechos humanos.

El problema es que, para esta disyuntiva no existe una solución a la vuelta de la esquina. En este aspecto, la línea entre el autoritarismo y un libertinaje es demasiado sensible. Lo único que queda, es tomar estas situaciones como momentos de reflexión, que ayuden a buscar el equilibrio exacto, que nos ayude a evitar que individuos con familia y una vida por delante, como el cabo Luis Moyano, vean sus sueños terminados de golpe.

Mario Tapia Orellana.
Alumno de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Alberto Hurtado.



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